domingo, 18 de diciembre de 2011

HISTORIA DON LUIS ALBERTO ACEVEDO ACEVEDO


ARTÍCULOS EN INTERNET SOBRE
DON LUIS ALBERTO ACEVEDO ACEVEDO




Escritos sobre aviación chilena. Historia, imágenes, análisis, revisiones críticas, casos de estudio.
12 abril 2009

Un soñador y dos Blériot
Estamos ya en fecha de recordar el 96º aniversario del trágico fallecimiento de quien fuera destacado pionero de la aviación civil chilena, don Luis Alberto Acevedo Acevedo. El hecho se produjo en la zona de San Pedro, Concepción, el 13 de abril de 1913, mientras el piloto intentaba realizar el raid nacional más extenso de esa época, entre la capital penquista y Santiago.
Luego de que el 21 de agosto de 1910 en el sur oriente de Santiago se produjera el primer vuelo de un aeroplano en cielo chileno, varios fueron los hombres que decidieron ingresar a este nuevo mundo de aventureros montados en frágiles maquinas voladoras. Acevedo no sólo fue uno de ellos, sino que tuvo el honor de ser el primer civil nacional en hacerlo.




Aprovechemos de darle un vistazo a los aspectos más destacables de la vida de este chileno, para lo cual bucearemos por algo de información en la obra de Enrique Flores Álvarez, en el Diccionario Biográfico de Chile, la prensa de la época, y en algunos de mis propios apuntes de investigación. ¿Objetivo?: Aprovechar la alta sintonía de El Observador Aeronáutico para rendir una suerte de pequeño reconocimiento a un chileno notable, al estilo de lo que hacía la antigua prensa nacional en un tiempo en que la aviación estaba en pañales y todos querían participar o ser testigos de sus avances y beneficios. Además, es muy probable que el hecho mismo que recordamos ahora ya haya pasado al total olvido, así es que qué mejor que dedicarle unas modestas líneas.
Acevedo había nacido en Santiago el 23 de septiembre de 1885. En su juventud participó activamente en el club ciclista Estrella de Chile y en 1911 se trasladó a París para inscribirse en uno de los cursos de vuelo impartidos en la Escuela Blériot. Como no contara con sólidos recursos económicos, su presencia en Europa se le hizo extremadamente onerosa. Ante esa situación crítica, recibió la ayuda desde Chile de la gestión de quien también pronto se alzaría como otro de los prohombres de la aviación nacional, y en ese momento también un entusiasta ciclista, Clodomiro Figueroa Ponce. Luego de que Figueroa generalmente fracasara en conseguir auspicios en Santiago para sostener a su amigo Acevedo, decidió constituir con un familiar pudiente una empresa destinada a financiar los gastos del aprendiz de piloto y con miras a sacar partido comercial de las aptitudes ganadas por el mismo una vez producida su vuelta a Chile. Este fue el nacimiento de la Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cía.

Solucionada de esta forma la estadía de Acevedo en París, y continuados sin más tropiezos sus estudios y prácticas en el instituto formador del vencedor del Canal de la Mancha, nuestro hombre prepara su regreso a la patria en 1912 no sin antes haber adquirido un monoplano Blériot XI dotado de un motor Gnome de 50 hp, avioncito de maderas, telas y algo de fierro, que serviría para dar efectividad al giro de la sociedad aeronáutica formada con sus amigos chilenos. Es el 7 de marzo de ese año, entonces, que el espigado Acevedo llega a Santiago, con el avión y con su mecánico, el francés Pierre Coemme.

Como en esos tiempos no era cosa de montar una empresa aérea y comenzar a mover gente o correspondencia como si fuera lo más normal, la Sociedad debió aplicarse a fondo para tratar de generar plata –la que ya habían gastado en ingentes sumas– a través de una serie de vuelos de demostración destinados a estimular la generosidad de los capitalinos. Para lo mismo, nuestros aventureros amigos decidieron instalar sus bártulos en el Parque Cousiño, donde en poco tiempo armaron el aparato y estuvieron listos para dar comienzo a las volaciones con que esperaban conseguir el óbolo de los cientos de interesados que se habían dejado ver en el mismo lugar a la espera de conocer algo más de la novedad que estaba por irse al aire.

El día finalmente llegó: 17 de abril de 1912. El diario El Mercurio del 18 de abril nos cuenta parte de la acontecida historia: al despegar, y cuando el avión iba a unos 10 metros de altura y enfrentaba unos árboles, una maniobra brusca de Acevedo hace que el avión caiga sobre su ala izquierda y resulte seriamente dañado al estrellarse contra el tierral. Si bien era un vuelo demostrativo para la prensa (pues el oficial para el público se haría el 21 de abril siguiente), la conmoción del choque se hizo sentir más en la Sociedad habida con sus colegas que sobre la humanidad propia del zamarreado Acevedo. El asunto es que los socios Figueroa y Fernández se enfurecieron y –no sólo desilusionados, sino que tremendamente ahorquillados por las cuantiosas deudas a esa fecha– le pidieron a Acevedo que se mandara a cambiar de la empresa. En el suelo quedaba el Blériot, destrozados su ala izquierda, dos cilindros, el fuselaje delantero y el tren de aterrizaje; el motor resultó tan afectado que debería ser enviado a Francia para reparaciones.

La solución que se le ocurrió a Acevedo, entonces, fue adquirir el histórico aeroplano Voisin que había ocupado Copetta en el primer vuelo en Chile el 21 de agosto de 1910, sacarle su motor Gnome de 50 hp e instalárselo al Blériot. El hecho es que sus socios aceptaron de mala gana y volvieron a invertir dinero en esa adquisición, contratando los servicios e instalaciones del propio Copetta y su reconocido taller para hacer los arreglos totales. Luego, se hicieron algunos exitosos vuelos de prueba en Batuco, cumpliéndose el sábado 11 de mayo de 1912 en el Club Hípico el esperado primer vuelo ante público que había debido ser postergado por el accidente mencionado antes. Sin embargo, el buque ya estaba destinado a hundirse… Veamos qué pasó.

Pronto continuaron los vuelos de demostrativos de Acevedo con el Blériot ya reparado, sin accidentes esta vez pero sí con múltiples inconvenientes de clima o de fallas de motor, ganando nuestro protagonista amplia figuración en la prensa de la época y cierto reconocimiento y cariño popular, afecto que sería un importante activo en su momento, como veremos. Sin embargo, las deudas siguieron golpeando a la empresa y el desencanto fue cundiendo entre los tres socios. Claro, el escaso dinero recolectado, los cuantiosos gastos de producción de los varios eventos demostrativos que se hicieron, y el interés del propio Figueroa en ir a Francia a obtener su propio brevet de aviador, hicieron que al poco andar la empresa estuviera en la ruina misma.
Para más remate, el famoso Blériot XI –que a esas alturas era apodado El Manco por Acevedo– no pasó de 1912. En julio de este año, trasladado al norte del país para hacer demostraciones, sufrió en Antofagasta un grave capotaje al aterrizar y trabarse las ruedas del tren, arrastrando arena y dándose vuelta totalmente, saliendo ileso el piloto. Sin embargo la mala nueva, el avión fue reparado en esa ciudad y a los pocos días estaba ya en condiciones de volar.
En abril de 1942 el avión aún lucía su nombre, y aquí se lo ve en una ceremonia de esa fecha en la que se homenajeó a la madre del aviador Acevedo (foto, Chile Aéreo)
No obstante, retornado ya desde la gira al norte del país, El Manco encontró su destino el24 de noviembre del mismo año, al resultar totalmente destruido en el Hipódromo Chile mientras hacía una de sus habituales demostraciones. Se dice que al tratar de elevarse, el fuerte viento hizo estrellar su timón contra una empalizada y luego, ya completamente descontrolado, contra el suelo. El hecho es que el Blériot terminó irreparable y Acevedo ileso.
Una vez disuelta la Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cía., el afecto popular al que aludí antes hizo el milagro de que la gente, la masa, el pueblo, decidiera favorecer al golpeado Acevedo, y le regalara un nuevo avión. Este notable hecho se logró gracias a una suscripción popular auspiciada por los diarios El Mercurio y La Unión, ambos de Valparaíso. El aparato, un Blériot XI que había quedado abandonado en la aduana del puerto –se dice– por parte de unos empresarios franceses que lo trajeron al país para demostraciones, pero que nunca llegaron a Chile, sería el avión en que Acevedo hallaría la muerte poco después, mientras continuaba dándose el gusto de gastar sus escasos recursos en practicar volaciones varias.
El 22 de marzo de 1913, mientras desarrollaba una prueba preliminar Concepción-Talca, Acevedo y su nuevo Blériot batieron el récord latinoamericano de altura y velocidad al ascender a 3.180 metros y lograr un promedio de 170 kilómetros por hora. Sin embargo, al aterrizar, el fuselaje de su frágil monoplano se quebró en dos partes, aunque fue prontamente reparado. Preparando la que sería su más audaz empresa de ese período –el largo cruce desde Concepción hasta Santiago–, durante ese mismo proceso de reparación el aeroplano fue dotado de algunos bidones de combustible adicional.
El fin de la historia para Luis Alberto Acevedo Acevedo llegó, sin embargo, mientras trataba de hacer el raid mencionado. El 13 de abril de 1913, a poco de despegar y frente al numeroso público presente, se estrelló en las aguas del río Bío Bío, frente a Concepción. Aparentemente, habían quedado mal estibados los dos estanques de combustible y aceite suplementario que instaló en la cabina. De esta forma, además de ser el primer aviador civil chileno, Acevedo logró convertirse en el primer aviador civil chileno muerto en acción. A estas alturas de la historia, Figueroa ya había llegado a Chile con su brevet de aviador en el bolsillo y también experimentado su primer aparatoso accidente, al estrellarse de nariz y en picada contra la casa de calle Ejército Nº 678 en Santiago, mientras volaba su propio Blériot XI llamado Caupolicán, hecho ocurrido poco antes de la caída de Acevedo, el 23 de febrero de 1913.
Como suele ocurrir en nuestro país, los funerales de Acevedo fueron apoteósicos y muy discurseados. Sin embargo, los tiempos estaban para otra cosa y el hombre pronto cayó en el olvido. Como un reconocimiento a la madre que, aparte de darle la vida en 1855, le financió su estadía en Francia para ir a buscar la experiencia necesaria para alcanzar finalmente la muerte a sus escasos 28 años, la señora fue homenajeada en 1942 por el Club Aéreo de Concepción, misma entidad que poco antes había decidido dar el nombre de Acevedo a un Curtiss Travel Air 12-W que fue de su inventario.

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Luis Alberto Acevedo Acevedo

Primer mártir de la aviación civil chilena. Con sus propios medios costeó un curso de vuelo en Francia, dedicándose a difundir el vuelo en Chile por medio de exhibiciones.
Acevedo había nacido en Santiago el 23 de septiembre de 1885. En su juventud participó activamente en el club ciclista Estrella de Chile y en 1911 se trasladó a París para inscribirse en uno de los cursos de vuelo impartidos en la Escuela Blériot. Como no contara con sólidos recursos económicos, su presencia en Europa se le hizo extremadamente onerosa. Ante esa situación crítica, recibió la ayuda desde Chile de la gestión de quien también pronto se alzaría como otro de los prohombres de la aviación nacional, y en ese momento también un entusiasta ciclista, Clodomiro Figueroa Ponce. Luego de que Figueroa generalmente fracasara en conseguir auspicios en Santiago para sostener a su amigo Acevedo, decidió constituir con un familiar pudiente una empresa destinada a financiar los gastos del aprendiz de piloto y con miras a sacar partido comercial de las aptitudes ganadas por el mismo una vez producida su vuelta a Chile. Este fue el nacimiento de la Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cía.
Su regreso a Chile se produjo el 7 de marzo de 1912, no sin antes haber adquirido un monoplano Blériot XI dotado de un motor Gnome de 50 hp., que serviría para dar efectividad al giro de la sociedad aeronáutica recién formada.
Como en esos tiempos no era cosa de montar una empresa aérea y comenzar a mover gente o correspondencia como si fuera lo más normal, la Sociedad debió aplicarse a fondo para tratar de generar plata –la que ya habían gastado en ingentes sumas– a través de una serie de vuelos de demostración destinados a estimular la generosidad de los capitalinos. Para lo mismo, nuestros aventureros amigos decidieron instalar sus bártulos en el Parque Cousiño, donde en poco tiempo armaron el aparato y estuvieron listos para dar comienzo a las volaciones con que esperaban conseguir el óbolo de los cientos de interesados que se habían dejado ver en el mismo lugar a la espera de conocer algo más de la novedad que estaba por irse al aire.
El 13 de abril de 1913, a poco de despegar y frente al numeroso público presente, se estrelló en las aguas del río Bío Bío, frente a Concepción. Aparentemente, habían quedado mal estibados los dos estanques de combustible y aceite suplementario que instaló en la cabina. El hecho se produjo mientras el piloto intentaba realizar el raid nacional más extenso de esa época, entre la capital penquista y Santiago. De esta forma, además de ser el primer aviador civil chileno, Acevedo logró convertirse en el primer aviador civil chileno muerto.
Fuente: DGAC Chile
Fuentes: Iván Siminic y DGAC Chile.

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La “Sociedad Chilena de Aviación” de Acevedo y Figueroa
(Extraído de la Historia Aeronáutica de Chile de Enrique Flores Álvarez - 1950)

“¡Oh! Amada patria mía,
no me envanece surcar tan alto
tu hermoso cielo!
Mi gran orgullo es ser chileno”
(Luis Alberto Acevedo)

Luis Alberto Acevedo (primer mártir de la Aviación Chilena) fue un campeón del Club Ciclista Estrella de Chile que en 1911 decidió ir a Francia (Issy les Moulineaux) a estudiar aviación por su propia cuenta y con muy escasos recursos.
A su regreso se constituye una sociedad bajo la denominación “ Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cia.” que sería, al igual que su predecesora (fallida) “Sociedad Nacional de Aviación”, una empresa plena de sinsabores y desengaños para sus dirigentes.
Cuando Acevedo no pudo continuar cubriendo sus gastos de aprendizaje de vuelo en Francia con la cantidad de tres mil francos (tres mil pesos chilenos) de que disponía, se vio obligado a solicitar ayuda económica a Chile, dirigiéndose a Clodomiro Figueroa, que a la sazón ocupaba el puesto de Presidente de la federación Velocipédica de Chile.
Comprendiendo con elevado sentido patriótico, la trascendencia de ayudara la formación del primer aviador civil chileno, en un gesto muy propio suyo, Figueroa se dio a la tarea de reunir fondos que precisaba Acevedo, golpeando en vano las puertas de amigos y acaudalados que para una semejante causa se declararon pobres de solemnidad y agobiados por grandes compromisos.
Figueroa no desmayó en su noble afán y organizó entonces una carrera ciclista a beneficio del curso de aviación de Acevedo, en el Parque Cousiño, el cual produjo un total de mil quinientos pesos de ganancia. Como esta suma no alcanzaba a cubrir sino una mínima parte de los compromisos de aprendizaje contraídos por Acevedo, gastos de pasaje y mantenimiento de su madre y de su esposa en Chile durante su ausencia, Figueroa decidió constituir con su primo Manuel J. Fernández, que poseía cierta fortuna, una Sociedad de Aviación para financiar el curso de vuelo de Acevedo, adquiriendo un aeroplano destinado a exhibiciones aéreas en Chile, con fine comerciales.
La idea pareció magnífica a Fernández y la aceptó sin imaginarse los sinsabores que debería compartir con sus dos socios en tan audaz empresa.
Desde entonces, Acevedo recibió periódicas remedas de dinero que le permitieron cumplir con éxito su curso de vuelo en Etampes. Antes de regresar a Chile, a principios de 1912, finiquitó la compra de un monoplano Bleriot con motor Gnome de 50 HP tipo 11, “Circuito Europeo” en la suma de 25.000 francos, cantidad que, agregada a los diversos envíos anteriores, daba un total de sesenta mil francos invertidos por la sociedad.
Acevedo llegó a Santiago el 7 de Marzo de 1912, premunido del brevet de piloto aviador y acompañado del mecánico francés, Pierre Goemme.
La “Sociedad Chilena”, a cuyo cargo estuvo la organización de los actos de recepción a Luis Acevedo y su mecánico, debió afrontar nuevos gastos de propaganda y otros que agravaron aún mas su critica situación económica, de la cual podía salvarla una primera exhibición aérea pública del novel aviador.
El arme del Bleriot en la elipse del Parque Cousiño atrajo la atención de los miles de curiosos que durante una semana se mantuvieron a la expectativa en los alrededores de un improvisado hangar armado con carpas, bajo el cual se cobijaba el aparato.

Luis Alberto Acevedo

Un lamentable accidente, ocurrido en el primer ensayo de vuelo, causó la rotura del motor, parte del tren de aterrizaje, la hélice y un ala del flamante Bleriot, lo cual casi puso fin a la sociedad. Figueroa y Fernández, agobiados con letras, hipotecas y compromisos de todo orden, se sintieron en tal forma decepcionados con Acevedo que lo instaron a retirarse de la sociedad.
Acevedo solicitó que se le brindara una última oportunidad, a base de la adquisición del biplano Voisin que pertenecía a la “Sociedad Nacional de Aviación”, para emplear su motor en reemplazo del Gnome, que debía ser remitido a Francia para su reparación.
Figueroa y Fernández aceptaron la idea de Acevedo, procediéndose a la compra del Voisin en 45.000 francos pagados con facilidades. Colocado el motor de este aparato en el Bleriot y una vez reparado en el garaje de César Copetta, se iniciaron los nuevos ensayos en Batuco, los que fueron coronados por el mas franco éxito. Días mas tarde Acevedo se presentó en exhibición pública en el Club Hípico, obteniendo el 21 de Mayo de 1912, una entrada neta de 26.000 pesos, de los cuales destinó el 50% para amortizar la deuda del Voisin y el saldo para Acevedo.
En esa nueva exhibición, realizada en Viña, se obtuvieron 14.000 pesos de ganancia, perdiéndose la oportunidad de conseguir una mayor entrada por haberse suspendido en dos ocasiones los vuelos debido al mal tiempo y al viento. Por otra parte, los gastos de alojamiento, comidas de retribución por atenciones recibidas, propaganda, locomoción etc., fueron muy subidos, resultando muy poco comercial y llena de sacrificios la mencionada gira a Viña del mar.
Figueroa que actuó como representante de la Sociedad en esta ocasión, resolvió emprender por su cuenta y riesgo, la tarea de estudiar aviación en Francia, para ayudar a recuperar el capital invertido y, especialmente, para satisfacer sus anhelos de volar, que cada día sentía con mas intensidad.
Mientras Figueroa estudiaba aviación en Francia, y a raíz de una gira de Acevedo al norte, la que constituyó un gran fracaso económico, se suscitaron serias dificultades entre el aviador y Fernández, que determinaron la eliminación de Acevedo, el embargo del Bleriot que piloteaba y, mas tarde, la disolución de la Sociedad.
Transcurrido algún tiempo, el 13 de Abril de 1913, Acevedo caía definitivamente abatido en el rio Bio – Bio, cuando intentaba efectuar un vuelo desde Concepción a Santiago para recuperar su prestigio y popularidad, que le habían sido arrebatados por un ambiente hostil formado en su contra por el comentario callejero y de cierta prensa. Un mes antes, el 22 de marzo, había intentado infructuosamente unir por vía aérea Concepción con Talca. En este vuelo Acevedo había llegado hasta Quilacoya, regresando al punto de partida, en San Pedro, debido a una densa bruma en la ruta y después de una hora de permanencia en el aire, tiempo durante el cual alcanzó a batir el record chileno de altura con 3.180 mt.
Fueron grandioso los funerales de Acevedo en Santiago el martes 15 de abril de 1913. El pueblo entero abrió calle al cortejo, que pasó lentamente por la Alameda de las Delicias, calle Estado y Avenida la Paz, hasta el Cementerio General. Acevedo había nacido en Santiago el 23 de septiembre de 1885. Contaba a la fecha de su muerte poco menos de 28 años de edad. Formado en la escuela de los hombres que surgen por sus propios esfuerzos, encontró su tumba en la conquista de su máximo ideal: la aviación.
En tanto, Figueroa había regresado a Chile con un flamante título de piloto aviador y tras duras alternativas económicas que logró vencer con paciencia y fortaleza, se abrió un camino tapizado de glorias y de triunfos.

Así nació y murió la “Sociedad Chilena de Aviación”

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Antecedentes Históricos


Los orígenes de la actividad aérea en la zona penquista se remontan a fines del siglo 18, cuando el navegante y explorador francés De la Perousse, eleva un globo no tripulado sobre la bahía de Concepción en marzo de 1785, en retribución a la hospitalidad de la ciudadanía de Concepción hacia su expedición y para el disgusto de los naturalistas que la integraban y que utilizaban esos artefactos para fines de investigación científica.
Posteriormente, en los inicios del vuelo a motor en Chile, nuestra zona no está ajena al accionar de los pioneros. Así, el insigne aviador y primer mártir de las alas chilenas, don Luis Alberto Acevedo, intenta unir por primera vez en vuelo directo las ciudades de Concepción y Santiago. El Raid se programa para el día 13 de abril de 1913, sin embargo este vuelo termina en tragedia cuando a poco de despegar desde San Pedro, su frágil Blériot se precipitó sobre las aguas del río Bío-Bío. Este suceso provocó consternación en la ciudadanía nacional y especialmente en la penquista.
También se destaca el vecino de Talcahuano Sr. David Fuentes Sosa, quien viaja a Francia a aprender el arte de volar, se gradúa de Piloto Aviador en Etampes, y regresa a Chile en donde logra una importante cosecha de récords.
En 1914 bate el récord de altitud al alcanzar los 3.150 metros en su Bleriot bautizado "Talcahuano". Logra imponer, también, un récord de distancia, con un recorrido de 450 kms. entre Concepción y Paine. Efectuó aterrizajes nocturnos y con singular pericia y sangre fría cruzó en vuelo por debajo del puente ferroviario del Malleco.

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E F E M É R I D E S  D E  L A  A V I A C I Ó N

11/05/1912
Primer Vuelo ante público.
Luis Alberto Acevedo Acevedo, realiza en el Club Hípico de Santiago, el primer vuelo ante público.

11/05/1912. Luis Alberto Acevedo realiza vuelo ante público en Chile.

22/03/1913
Récord de Atura y Velocidad.
El aviador chileno Sr. Luis Alberto Acevedo bate el récord de altura y velocidad en América alcanzando una altura de 3.180 mts. y una velocidad de 170 Km. por hora, en Concepción, (San Pedro).

13/04/1913
Fallecimiento del primer mártir de la aviación Chilena, Don Luis Alberto Acevedo Acevedo.
Pilotando un monoplano Bleriot XI, y en un intento por unir en vuelo Concepción y Santiago, encuentra la muerte al caer en una isleta del Río Bío-Bío.

13/04/1913. Fallecimiento en Concepción del aviador civil Don Luis Alberto Acevedo.
Primer Mártir de la Aviación Civil Chilena

13/04/1913. Fallece Don Luis Alberto Acevedo.
Recibimiento de los restos en Santiago.

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Pioneros Aeronáuticos Chilenos

Luis Alberto Acevedo A. Primer mártir de la aviación civil chilena. Con sus propios medios costeó un curso de vuelo en Francia, dedicándose a difundir el vuelo en Chile por medio de exhibiciones. Muere en accidente de aviación al intentar unir en vuelo Concepción y Santiago, el 13 de abril de 1913.

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Una Deuda con el Aviador Luis Acevedo
MONDAY, JUNE 18, 2007
Crucé a pie el puente Llacolén sobre el Bío Bío porque quería ver el potrero desde donde despegó el Bleriot de Luis Alberto Acevedo en el que fue su último vuelo. Suponía que desde ese punto podría imaginar la trayectoria que siguió el avión volando primero sobre el río, pasando cerca del cerro Chepe y girando hacia el sur, en un intento del piloto por volver al potrero en vista de los problemas surgidos por el exceso de carga. El Bleriot cayó “de espaldas” en el Bío Bío, cerca de La Mochita, donde la profundidad se medía apenas en centímetros. Pero fue suficiente para matar al tripulante de 1.90 m de estatura.
Cuando llegué al cabezal del puente, que toca a la comuna de San Pedro de la Paz, me detuve y comencé a buscar con la mirada, pero sin suerte, el lugar escogido por Acevedo para iniciar su aventura. Una población se levanta hoy en la antigua pista que recorrió el Bleriot entre la laguna y el río.
Acevedo quería ser el primer aviador en volar sin escalas entre Concepción y Santiago. Para conseguirlo, agregó a su avión dos estanques, uno de combustible y otro de aceite. Pero, las modificaciones excedieron el peso y alteraron la estiba del avión. En un primer intento el Bleriot no alcanzó la potencia necesaria y hubo que cambiar la hélice para poder levantar vuelo. Era pasado el mediodía de ese 13 de abril de 1913. Miles de penquistas observaron el despegue con alegría y con horror presenciaron el desenlace, momentos después. El frágil avión se sostuvo en el aire por 5 minutos. Acevedo quiso intentar un aterrizaje de emergencia, pero no alcanzó a salir de la zona del río y una ráfaga lo lanzó contra el cauce. Su esposa lo había despedido en el potrero.
Concepción se volcó a las calles para el funeral y en Santiago, las exequias fueron apoteósicas. Luis Acevedo tenía 28 años. En la ciudad penquista, una plaza honra su nombre. Pero, en San Pedro de la Paz, parado ahí, yo al final del puente y aterido por el frío de esa tarde, eché de menos un monumento que recuerdara como se merece a este valiente.
(N. de la R.: este artículo lo escribí el 2004)
Publicado por Nelson Palma en 9:29 AM

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Reseña histórica del Club Aéreo Universidad de Concepción

Por Hugo Jara Goldenberg (Publicado en la Revista “Chile Aéreo”, julio de 1999)  

Antecedentes Históricos

El origen de la actividad aérea en la zona penquista se remonta a fines del siglo XVIII, cuando el navegante y explorador francés De la Perousse, eleva un globo no tripulado sobre la bahía de Concepción, en retribución a la hospitalidad de la ciudadanía penquista y para el disgusto de los naturalistas de la expedición, quienes utilizaban esos artefactos para fines de investigación científica.
Posteriormente, en los inicios del vuelo a motor en Chile, nuestra zona no está ajena al accionar de los pioneros. Así, el insigne aviador y primer mártir de las alas chilenas, don Luis Alberto Acevedo, intenta unir por primara vez en vuelo directo las ciudades de Concepción y Santiago.  El Raid se programa para el día 13 de abril de 1913, sin embargo este vuelo termina en tragedia cuando a poco de despegar desde San Pedro, su frágil Blériot se precipitó sobre las aguas del río Bío-Bío. Este suceso provocó consternación en la ciudadanía nacional y especialmente en la penquista.

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HÉLICE DEL BLERIOT XI DE ACEVEDO

"...Trozo de la hélice del Monoplano Bleriot del Aviador Luis A. Acevedo, 1913..." Así se lee en esta plaza de bronce montada sobre que era el eje de la hélice de la aeronave en que murió Luis Acevedo. La pieza, un trozo del área central de la hélice de madera, como eran las de esa época, se encuentra en exhibición en el Museo de Historia Natural de Concepción, en la Plaza que lleva el nombre del Primer Mártir de la Aviación chilena.
La nota explicativa del Museo señala: "...Hélice del Monoplano Bleriot 11 de Luis Acevedo. Donada al Museo en 1976 por el Oftalmólogo Sr. Patricio Jara y don Fernando Torrejón. Luis Acevedo, Aviador civil penquista quien falleció en 1913 cuando intentó unir en vuelo por primera vez Concepción y Santiago, al poner un estanque adicional de gasolina en el fuselaje , el avión no soportó el peso y cayó a las tranquilas aguas del Bío-Bío..."

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Luis Alberto Acevedo
Jueves, 9 de diciembre de 2010

Luis Alberto Acevedo A. Primer mártir de la aviación civil chilena. Con sus propios medios costeó un curso de vuelo en Francia, dedicándose a difundir el vuelo en Chile por medio de exhibiciones. Muere en accidente de aviación al intentar unir en vuelo Concepción y Santiago, el 13 de abril de 1913.

Uno de los episodios más recordados de los orígenes heroicos de la aviación chilena, es la tragedia del piloto Luis Alberto Acevedo en el Bío Bío. Acevedo era un destacado campeón del Club Ciclista “Estrella de Chile”.
Admirado con las hazañas de los primeros pilotos, se había dirigido a Francia por su propia cuenta para estudiar aviación, con muy pocos recursos. Cuando no pudo seguir cubriendo sus gastos, solicitó ayuda económica a Chile, dirigiéndose a Clodomiro Figueroa, presidente de la Federación Velocipédica de Chile. Luego de varias peripecias, éste forma una Sociedad de Aviación con su hermano, para financiar los cursos de Acevedo y adquirir un aeroplano destinado a exhibiciones en Chile.
A principios de 1912, adquirió un monoplano Bleriot, con motor Gnome de 50 HP. Tras ocho meses de privaciones, premunido del brevet de piloto y acompañado de un mecánico francés, regresa a Chile en marzo de ese año. Comisiones especiales se trasladaron a los Andes a recibir al nuevo aviador, que conquistó de inmediato una gran popularidad, debido a las noticias que publicaba la prensa de sus ensayos en Francia.
Se preparó una exhibición en la elipse del Parque Cousiño, que atrajo la atención de miles de curiosos. Un lamentable accidente, en el primer ensayo de vuelo, causó la rotura del motor, parte del tren de aterrizaje, la hélice y un ala del flamante Bleriot. Lo anterior agobió financieramente a la sociedad. Adquirieron un biplano Voisin, con el cual se reanudaron los vuelos con mayor éxito. El 11 de mayo de 1912, ante una gran multitud reunida en el Club Hípico de Santiago, Acevedo evolucionó en el cielo durante quince minutos, recibiendo una colosal ovación. La policía fue incapaz de contener al público, que se abalanzó hacia el aparato y paseó en andas al piloto. El orgullo nacional, estimulado por la prensa, se inflamó ante la hazaña.
Se realizaron vuelos de exhibición en Viña del Mar, y luego el Bleriot es embarcado a bordo del vapor “Palena”, para iniciar una gira al norte del país, que comienza en Antofagasta y sigue en Iquique. Se realizaron masivas exhibiciones, no exentas de riesgos y accidentes, pero que el público, que jamás había visto un avión, supo valorar. En un gesto altruista, típico de él, decretó boletería libre, para dar acceso a las masas de trabajadores. En otra ocasión, sobrevoló a la escuadra nacional, que se hallaba en la rada de Iquique, lanzando un mensaje que instaba a la creación de la aviación naval.
Acevedo resolvió dirigirse al sur, para intentar el raid Concepción-Santiago y recuperar su popularidad. Se detuvo en Chillán, donde obsequió a la ciudad un vuelo de exhibición el 25 de diciembre, el primero jamás realizado allí. Llega a Concepción en enero de 1913, donde realiza varios vuelos con gran éxito, alcanzando los 1.500 metros de altura. Acicateado por la experiencia de otros pilotos, que realizaban vuelos de distancia, ya no tuvo otra obsesión que unir Concepción y Santiago por vía aérea. Sus dificultades económicas, por desgracia, llevaron al embargo del Bleriot y a la pérdida de algunas piezas, que sólo pudo reponer con gran dificultad.
El vuelo se programó definitivamente para el 13 de abril. En San Pedro, en un potrero de la hacienda de Apolonio Benítez, realizaba Acevedo sus prácticas y preparativos. Agregó un nuevo tanque de bencina, que le permitía cargar 130 litros. Hubo varios intentos fallidos, en diversos días, lo que le llevó a declarar, en oscuro presagio: “O consigo realizar mi raid o perezco en él; quiero dar mayor gloria aún a mi patria”. Cuando sobrevolaba el Bío Bío, el motor se detuvo, una gran racha de viento lo volcó, cayendo al río, donde el motor hizo explosión. La muerte del piloto fue instantánea. La reacción del pueblo de Concepción, y luego de todo Chile, fue tremenda. Sus funerales fueron muy masivos y se le consideró un verdadero mártir.
En nuestra zona, el Museo de Historia Natural, ubicado en la Plaza Luis Acevedo, conserva los restos de la hélice de su malogrado vuelo final. Una escuela en San Pedro Viejo rinde homenaje a su memoria. Por su pionera valentía, merece ser recordado. 

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Capítulo 10
Triunfo de una obsesión: La travesía de Los Andes Dagoberto Godoy, Candelaria, Cortínez y hasta la francesa Adrienne Bolland triunfaron en una ruta en donde muchos dejaron la vida.

LUIS A. ACEVEDO

Aunque parezca paradojal, fueron dos campeones ciclistas chilenos quienes se convirtieron en importantes precursores de la incipiente aviación nacional: Luis Alberto Acevedo y Clodomiro Figueroa. Como todos los aviadores latinoamericanos, hubieron de hacer su duro aprendizaje en Europa, lo que era entonces una aventura arriesgada y un desembolso económico sin límites. Las "academias" aéreas, además del curso, cobraban el material inutilizado, traducido en innumerables aparatos o motores destruidos.
Acevedo, hombre sin recursos, pero dotado de una tenacidad y entusiasmo sin límites, rompió con una costumbre que frenaba el desarrollo de la aviación local. Hasta entonces, 1911, los vuelos de exhibición se realizaban únicamente en la elipse del Parque Cousiño y en el Club Hípico de Santiago. Luego de su viaje a Francia para obtener su brevet de piloto, que consiguió a fines de ese año, regresó a Chile en marzo de 1912, iniciando desde ese momento una serie de raids entre diversas ciudades del país.
Endeudado por el viaje a Europa, Acevedo debió buscar recursos en presentaciones y vuelos cortos en provincias. Perseguido por la mala suerte, al intentar unir Concepción y Santiago, como último intento de obtener dinero, su débil Blériot se hundió en las aguas del Biobío, el 13 de abril de 1913. No cumplía aun los 28 años.
El telegrama lacónico insertado en los diarios señalo: "Acevedo ha muerto". Una muchedumbre acompañó los restos de este primer mártir de la aviación nacional. Por su parte, los vecinos de Concepción, impresionados por la muerte de Acevedo, resolvieron iniciar una erogación nacional para erigir un monumento en su homenaje. Seis años mas tarde y en presencia del triunfante teniente Dagoberto Godoy, en la plaza San Pedro de la ciudad sureña fue inaugurado el monolito recordatorio. 

FIGUEROA Y SUS INTENTOS 
Acevedo fue el inspirador de Clodomiro Figueroa. Dependiente de un almacén, soñador como aquél, abandonó todas sus actividades en pro de la aviación. No contento aún, formó la Sociedad Chilena de Aviación, con modestos capitales provenientes de su propio bolsillo de su primo Manuel Fernández, profundo admirador de Acevedo, inició campañas económicas para financiar el viaje de aquél a Francia. Vale la pena recordar la recaudación obtenida en las exhibiciones en el Club Hípico para ese efecto: 1.500 pesos. Sin embargo, la sociedad, que incluía los tres nombres, debió reducirse a dos, dada la insolvencia de Acevedo. Figueroa siguió el camino de los aviadores sudamericanos. Embarcó a Francia y obtuvo a su vez el ansiado brevet. Al regresar, y de manera paralela a Acevedo, centró su actividad en la unión de diversos puntos del país. 

En un modesto Blériot, reconstruido con el motor Gnome, proveniente de un aeroplano inutilizado por Acevedo, que Figueroa bautizó como "Caupolicán" , unió Batuco y Santiago en 30 minutos. Con este vuelo estableció los records nacionales en altura y distancia. Sobrevoló a 1.500 metros de altura la virgen del San Cristóbal, mientras una multitud enfervorizada contemplaba y ovacionaba desde la Alameda y Mapocho al audaz vencedor de la altura. 
El éxito alcanzado tuvo la brevedad casi equivalente al vuelo. Tres italianos: Elena, Napoleón y Miguel Rapini, condiscípulos de Figueroa en la Academia Blériot en Francia, llegaron a Chile buscando la gloria que no les había prodigado Europa. Aprovechando la realidad de los pequeños raids realizados, asombraron al provinciano público chileno uniendo Viña del Mar y la capital, en viaje de ida y vuelta, con la única pausa del almuerzo en Santiago. Pero tanto Figueroa como los visitantes ambicionaban la conquista de los Andes como su meta superior. 
Empezó entonces una verdadera competencia entre los visitantes y Figueroa, mientras en Argentina los aviadores locales pugnaban por vencer en tan magna tarea. 
La muerte de Acevedo, lejos de atemorizar en estos intentos, constituyó un incentivo más para vencer las alturas. 


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Acevedo Acevedo, Luis Alberto (1885-1913)

Aviador chileno nacido en Santiago el 23 de septiembre de 1885 y muerto en San Pedro, cerca de Concepción, el día 13 de abril de 1913, en un accidente de aviación.
En 1911 viajó a Europa con los pocos recursos que pudo proporcionarle su madre, con la intención de aprender aviación. Ingresó en la Escuela Blériot de París, donde obtuvo su título de piloto. Invirtió sus escasos medios en la compra de un aeroplano con que emprendió el retorno a su país, y allí logró ganarse la vida durante algunos años haciendo exhibiciones de acrobacias hasta que, en 1912, se propuso alzarse con el récord de altura que ostentaba hasta el momento el argentino Macías. Tenía entonces veintisiete años de edad y su espíritu aventurero le impulsó a añadir a su palmarés una nueva marca: la del vuelo más largo, lo que significaba ir desde la ciudad de Concepción hasta Santiago sin hacer paradas. No lo consiguió. El día 13 de abril, poco después de que su avión hubiera levantado el vuelo, capotó cerca de la localidad de San Pedro.

FUENTE: 
http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=acevedo-acevedo-luis-alberto
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Hace cien años fallecía Luis Alberto Acevedo, primer mártir de la aviación civil chilena
Por Álvaro Romero 13 Abril 2013 , 14:22


El 13 de abril de 1913, el piloto civil chileno Luis Alberto Acevedo, intentaba realizar un vuelo -raid- entre Concepción y Santiago, abordo de su monoplano Blériot. Este ciclista, nacido en 1885, en 1911 viajó a Francia para obtener su brevet de piloto en la École Blériot, para volver a Chile con una aeronave del fabricante francés, con la cual realizó numerosas demostraciones, aunque con varios accidentes que implicaron sucesivos reemplazos del avión.

Su más importante proyecto, sería el raid desde la capital penquista hasta Santiago de Chile, para lo cual su avión recibió un par de estanques de combustible adicionales. Sin embargo, hace exactamente cien años, tras despegar ante el atónito mirar de muchos testigos, cayó al río Bío Bío: de esta triste forma, el primer piloto civil chileno se convirtió en el
primer mártir de la aviación civil de nuestro país.
En el Museo de Historia Natural de Concepción estaban en exhibición restos de la aeronave, específicamente un trozo de la hélice del Blériot siniestrado, así como una foto del piloto y su avión, captadas a las 12:05 del fatídico 13 de abril de 1913. Las imágenes de la vitrina de ese Museo, son las que ilustran este humilde homenaje.





 FUENTE: http://modocharlie.com/2013/04/hace-cien-anos-fallecia-luis-alberto-acevedo-primer-martir-de-la-aviacion-civil-chilena/
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Homenajean al piloto mártir Luis Alberto Acevedo
Por
Álvaro Romero 16 Abril 2013 , 13:16

Ayer lunes 15 de marzo, se realizó un homenaje al primer mártir de la aviación chilena, el piloto Luis Alberto Acevedo. El acto se realizó en el Cementerio General (para nuestros lectores foráneos queda en la capital, Santiago) y contó con la presencia de la Fuerza Aérea de Chile, Brigada de Aviación del Ejército, la Primera Compañía de Bomberos de Concepción -ciudad desde donde despegó fatalmente Acevedo. El acto contó además con el discurso del presidente del Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile, Alberto Fernández Donoso.




 FUENTE: http://modocharlie.com/2013/04/homenajean-al-piloto-martir-luis-alberto-acevedo/


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FUERZA AÉREA CONMEMORÓ CENTENARIO DEL FALLECIMIENTO DEL PRIMER MÁRTIR DE LA AVIACIÓN NACIONAL, LUIS ALBERTO ACEVEDO
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Delegaciones de la FACh, Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Bomberos de Concepción estuvieron presentes en el Cementerio General.

Hace cien años, un día 13 de abril de 1913, y a poco de despegar, el piloto Luis Alberto Acevedo se estrelló en las aguas del río Bío Bío, en San Pedro de la Paz frente a Concepción, convirtiéndose así en el primer mártir de la aviación chilena muerto en acción.

Es por eso que la Fuerza Aérea de Chile junto al Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y la 1ª Compañía de Bomberos de Concepción quiso rendir homenaje al aviador pionero quien dio su vida por el desarrollo de la aeronáutica nacional.

El acto tuvo lugar en la tumba del piloto Luis Alberto Acevedo Acevedo, ubicada en el Cementerio General y contó con la presencia de delegaciones de la Escuela de Aviación “Capitán Manuel Ávalos Prado”, la Escuela de Especialidades “Sargento 1° Adolfo Menadier Rojas”, Centro de Ex Cadetes y Oficiales de la FACH “Águilas Blancas” y de la Brigada Aérea del Ejército (BAVE).

“A un siglo de este hecho, que congregó prácticamente a toda la población de Santiago en torno a la admiración y afecto por el aviador, queremos intentar medir con serena reflexión el extraordinario aporte de este hijo de Chile, al progreso de la Nación tras una corta, modesta y heroica existencia que duró tan sólo veintiocho años”, dijo el presidente del Instituto de Investigaciones Aeronáuticas, Alberto Fernández.

“Estamos en consecuencia honrando el recuerdo del sembrador de una actividad cuyos frutos se han traducido en una innegable herramienta para el progreso nacional y nuestro bienestar”, agregó.

Finamente aseguró estar en este homenaje “en representación de los miles de antaño que supieron de la valentía y arrojo de Luis Alberto Acevedo, y para decirle que la patria agradecida lo acoge como uno de sus hijos predilectos”.

Posteriormente el Director de la 1ª Compañía de Bomberos de Concepción, Aristóteles Miranda, realizó una breve reseña del aviador y destacó la cercanía que tuvo la compañía con este acto, ya que fueron sus bomberos quienes ese fatal 13 de abril de 1913 acudieron al rescate del aviador tras haber caído en las aguas del río Bío Bío.

Luego se realizó un responso junto a la tumba del mártir dirigido por el Capellán de la FACh, Comandante de Escuadrilla (SR) Eleodoro Gómez, para posteriormente hacer la colocación de ofrendas florales.

Primero le correspondió a la Fuerza Aérea de Chile, luego a los Bomberos de la 1ª Compañía de Concepción y finalmente el Instituto de Investigaciones Aeronáuticas.
Historia

Luis Acevedo, tras integrar el club de ciclismo Estrella de Chile, decidió ir a estudiar aviación a Francia en 1911, uniéndose a los cursos de vuelo impartidos en la Escuela Blériot, con sede en París. Fue apoyado económicamente por el también ciclista y luego aviador Clodomiro Figueroa Ponce, quien junto a un familiar conformó la Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cía., cuyo objetivo era pagar los estudios de Acevedo en Europa y luego aprovechar comercialmente su experiencia. El 7 de marzo de 1912 Acevedo regresó a Chile con un monoplano Blériot XI y un mecánico, el francés Pierre Coemme.

La Sociedad Chilena de Aviación se propuso realizar vuelos de exhibición en Santiago; el primero fue ante la prensa, el 17 de abril de 1912 en el Parque Cousiño, donde el Blériot XI piloteado por Acevedo capotó poco después de despegar. Tras el accidente se tuvo que posponer la exhibición a todo el público planeada para el 21 de abril, la cual se realizó finalmente el 11 de mayo de 1912 en el Club Hípico. Sin embargo, Acevedo volvería a estrellarse en dicha prueba. Más tarde, en julio de ese año, el Blériot XI capotó por tercera vez en Antofagasta, y terminó por destruirse el 24 de noviembre en el Hipódromo Chile.

Tras la seguidilla de accidentes, se le regaló a Acevedo un nuevo Blériot XI que había sido abandonado en la aduana de Valparaíso, mediante una "suscripción popular" auspiciada por los diarios El Mercurio de Valparaíso y La Unión de Valparaíso. En ese monoplano, Acevedo intentó realizar sus primeros vuelos de largo trayecto. El primero fue entre Concepción y Talca, el cual logró con éxito el 22 de marzo de 1913, donde batió el récord latinoamericano de altura y velocidad, elevándose hasta los 3.180 metros, y tuvo un promedio de 170 kilómetros por hora.

La segunda prueba, entre Concepción y Santiago, con la que Acevedo quería acallar los comentarios
que lo desprestigiaban, no tuvo el mismo resultado; el 13 de abril de 1913, Acevedo falleció tras estrellarse en el río Biobío, en el sector de San Pedro de la Paz, al sur de Concepción, frente al numeroso público que esperaba su hazaña. Sus funerales se realizaron el 15 de abril de ese año en Santiago. /icc.















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HOY EN LA HISTORIA
Muere Luis Alberto Acevedo.
Fue el primer mártir de la aviación chilena, quien falleció el 13 de abril de 1913, al caer al río Biobío, al sur de Concepción.
Luis Alberto Acevedo Acevedo nació el 23 de septiembre de 1885 y viajó a Francia en 1911 para ingresar a los cursos de vuelo que impartía la sede parisina de la Escuela Blériot. Apoyado por el ciclista y aviador Clodomiro Figueroa Ponce, conformaron la Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cía. con el fin de costear los estudios de Acevedo y aprovechar su experiencia en Europa para desarrollar la aviación en Chile. En marzo de 1912 volvió con un monoplano Blériot XI.
Durante meses, la Sociedad Chilena de Aviación intentó realizar exhibiciones de vuelo en Santiago.
Sin embargo, las acrobacias no funcionaron y en al menos tres intentos, uno en el Parque Cousiño, otro en el Club Hípico y el último en el Hipódromo Chile, el avión capotó hasta quedar completamente inutilizable.
Pese a esto, Acevedo volvió a volar un nuevo Blériot XI. En este segundo monoplano se propuso la meta de superar al récord latinoamericano en vuelo de altura y realizó sus primeros vuelos de trayectoria larga. El 22 de marzo de 1913 finalizó con éxito el recorrido entre Concepción y Talca, a la vez que superó el récord de altura y velocidad elevándose 3.180 metros y avanzando a un promedio de 170 kilómetros por hora.

Pero los accidentes que había sufrido con anterioridad generaron entre la opinión pública numerosas críticas. Decidió entonces volar un trayecto aún más largo para demostrar su idoneidad como piloto: desde Concepción a Santiago. Sin embargo, no pudo completar su hazaña y tras estrellarse contra el torrente del Biobío, falleció ante un público expectante. (VVD)

FUENTE: http://www.fach.cl/noticias/2013/abril/luis_acevedo/medios/tercera.pdf



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CRÓNICA SOBRE DON LUIS ALBERTO ACEVEDO DIARIO EL MERCURIO

ÁRTÍCULO DIARIO EL MERCURIO

FUENTE: http://www.fach.cl/noticias/2013/abril/luis_acevedo/medios/mercurio.pdf


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CRÓNICA SOBRE DON LUIS ALBERTO ACEVEDO DIARIO LAS ÚLTIMAS NOTICIAS


 FUENTE: http://www.fach.cl/noticias/2013/abril/luis_acevedo/medios/lun.jpg

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¿Quién fue Aviador Acevedo?

Calle de Villarrica lleva su nombre.
Por Rodrigo Salas
Guillermo González explicó que tal como este caso, es muy común que se denomine a las calles con nombres sin ninguna relación con la ciudad.
¿Usted sabe quien fue Aviador Acevedo? "No tengo idea". La respuesta anterior se repite al hacer un recorrido por la comuna de Villarrica, preguntando quién es el personaje que lleva el nombre de una de las principales calles de la ciudad.
Conversando con una serie de vecinos, pudimos comprobar que hay un desconocimiento generalizado en cuanto a la figura de este misterioso hombre, que para el primero que escuche de él, perfectamente lo podría asociar con un extinto piloto de guerra, con cierto parentesco quizás, con el mítico teniente Bello.
DESCONOCIMIENTO
"No sé, la verdad es que todos los días paso por esta calle, y no tengo idea quién podrá haber sido esta persona. Creo que se trata de una aviador villarricense que a lo mejor quedó como mártir, al haber participado de alguna guerra...creo yo", indicó Gloria Navarrete, residente de la comuna.
Ante la falta de información, y desconocimiento de su persona, quisimos saber quién fue en definitiva este hombre, y por qué su apellido y oficio se plasman con el nombre de una calle que cruza la principal arteria de la ciudad, como es la Avenida
Pedro de Valdivia.
Para ello, nos trasladamos hasta la oficina del abogado e historiador local, Guillermo González, quien conoce al revés y al derecho la historia de la comuna, y cada uno de sus misterios.
"De partida, Aviador Acevedo no fue una persona nacida en Villarrica. Se trató de un civil común y corriente, que en su calidad de piloto, fue quien se atrevió a realizar el primer raid aéreo particular desde Santiago a Concepción, con tan mala fortuna, que poco antes de llegar a su destino, en la laguna San Pedro, su precaria aeronave capotó, falleciendo en el lugar", explicó González.
En cuanto a la ligación que tuvo este piloto civil con Villarrica, el historiador afirma que no existió ninguna, no obstante dijo, el denominar calles con personas de las características del aviador Acevedo, se hizo común en el ordenamiento urbano del país.
"Lo que pasa es que existió una mala práctica, generalizada en todo Chile, donde se denominaron varias calles, sin que esos nombres tengan algún vinculo con el lugar, lo que acá en Villarrica se ve reflejado en la arteria que lleva el nombre de este señor, o como ocurre con la calle Basilio Urrutia, quien no cumplió ninguna labor trascendental en este territorio, ya que fue Gregorio Urrutia el que ocupó y refundó la ciudad", agregó el historiador. Por eso, aseguró que es necesario que se reconozca a la gente que verdaderamente contribuyó o realizó alguna gesta importante en pueblos y ciudades, las que están plagadas de calles con nombres que según él, no tienen mayor relevancia en su historia.
NOMBRE DE PILA
Por último, González manifestó que en relación al nombre de pila del aviador Acevedo, se desconoce cuál fue, lo que también explicó por un error a la hora de bautizar las calles y desarrollar los mapas urbanos.
"Lamentablemente no tengo mayor información relacionada a su nombre propio, pero ello también se explica por qué a muchas calles, sólo las bautizaron con el apellido. Casos hay de sobra, acá en Villarrica por ejemplo, basta ver algunos letreros y lo primero que uno podrá ver es sólo el apellido de la persona, o la primera letra de su nombre, como calle P. de Valdivia", enfatizó el historiador.
 
FUENTE: http://www.renacerdeangol.cl/prontus4_noticias/site/artic/20061217/pags/20061217052400.html -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

MUSEO DE HISTORIA NATURAL UBICADO EN PLAZA LUIS ALBERTO ACEVEDO DE CONCEPCIÓN

FUENTE: http://www.museodehistorianaturaldeconcepcion.cl/Vistas_Publicas/publicHome/homePublic.aspx?idInstitucion=89

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Centenario del fallecimiento del primer mártir de la aviación chilena, don Luis Alberto Acevedo


El día 13 de abril se cumplió el primer centenario de la trágica muerte del pionero y primer mártir de la aviación
chilena, aviador señor Luis Alberto Acevedo, ocurrida al despegar intentando unir Concepción y Santiago en vuelo
directo.



Con este motivo, el Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile le rindió un homenaje a través de la
organización de un acto que se realizó el día lunes 15 de abril a las 11.00 horas, frente al mausoleo familiar donde
reposan sus restos, ubicado Cementerio General de Santiago.

En atención a que Acevedo fue un gran promotor de la creación de la aviación militar en su tiempo,
nos acompañó en esta ocasión una numerosa delegación de la Fuerza Aérea de Chile, de la Brigada de
Aviación del Ejército y del Centro de ex cadetes y Oficiales de la Fuerza Aérea “Águilas Blancas”.

En esta emotiva ocasión, tuvo una destacada actuación la delegación del Cuerpo de Bomberos Nº1 de
Concepción, quienes viajaron desde la natal ciudad de Acevedo para estar presente al igual que hace
cien años atrás, otros Caballeros del Fuego, velaran y luego acompañaran los restos del malogrado
aviador hasta Santiago. Encabezados por su Director, el señor Aristóteles Miranda E., quien leyó un
profundo discurso recordando el porqué de su participación en esta ceremonia, testimoniando
minutos más tarde su aprecio a la gesta del aviador, con una corona de flores que depositaron a los
pies de la tumba.

“Aquí yacen los restos del aviador civil, LUIS ALBERTO ACEVEDO, primer mártir de la aviación chilena, caído en las aguas
del rio Bío Bío, el 12 de abril de 1913. Cuando intentaba unir en vuelo sin escalas, Concepción con Santiago.” Así reza la
placa que nuestra corporación instaló sobre su tumba el año 2003.
En la fotografía de la derecha aparecen el Mayor de Ejército, señor Rodrigo Bravo de la Brigada de Aviación, la
delegación de Bomberos de la Primera Compañía de Concepción encabezados por su Director, señor Aristóteles
Miranda junto a los Directores señores, Norberto Traub y Alberto Fernández.
Tras las palabras de nuestro Presidente y del Director de Bomberos, se procedió a depositar las
ofrendas florales, primero el Comandante de Grupo, señor César Pineda Troncoso en representación
de la Fuerza Aérea; luego el Cuerpo de Bomberos Nº1 de Concepción y finalmente representando al
Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas en conjunto al Ejército de Chile, los señores
Alberto Fernández Donoso junto al Mayor de Ejército, señor Rodrigo Bravo.
A continuación, un solemne responso por el eterno descanso de Acevedo, fue dirigido por el Capellán
de la Fuerza Aérea de Chile, Comandante de Escuadrilla (SR), don Eledoro Gómez. Finalmente, el
toque de silencio que interpretara el “Corneta” comisionado gentilmente para la ocasión, por la
Guarnición Aérea de Santiago, marcó el fin de la oración fúnebre y de la ceremonia.

Algunos de los miembros de las delegaciones asistentes a la ceremonia recordatoria en del centenario del fallecimiento
de nuestro primer aviador mártir nacional, junto a las ofrendas florales depositadas ante su tumba.
En la fotografía de la derecha aparecen los Directores señores Jorge Lizana Cid, Alberto Fernández Donoso y Anselmo
Aguilar Urra junto al nieto de la señora Tránsito Acevedo, señor Luis Cabezón.
A la ceremonia, asistió el señor Luis Cabezón, familiar de la viuda de Acevedo, quien tuvo gentiles
palabras de reconocimiento para la labor de nuestra corporación, la que en estos años ha recordado
al mártir en estos importantes aniversarios.


FOTOS EN ENLACE MÁS ABAJO

FUENTE: http://www.fedach.cl/instituto%20investigaciones%20historico/Boletin%20Informativo%20No4-2013.pdf



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 ARTÍCULO SOBRE LA AVIACIÓN EN CHILE

FUENTE: http://filanaval.blogspot.com/2013/03/centenario-de-la-aviacion-militar.html


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Luis Acevedo Acevedo


Luis Alberto Acevedo
Nacimiento23 de septiembre de 1885
Bandera de Chile Santiago
Fallecimiento13 de abril de 1913
Bandera de Chile San Pedro de la Paz
OcupaciónAviador y ciclista
Luis Alberto Acevedo Acevedo (Santiago, 23 de septiembre de 1885 -San Pedro de la Paz, 13 de abril de 1913)1 , fue un aviador y ciclistachileno, considerado uno de los pioneros y primer mártir de la aeronáutica de su país.

Biografía

Tras integrar el club de ciclismo Estrella de Chile, decidió ir a estudiar aviación a Francia en 1911, uniéndose a los cursos de vuelo impartidos en la Escuela Blériot, con sede en París. Aunque inicialmente recibió el apoyo económico de su madre,1 ello no le fue suficiente y fue apoyado por el también ciclista y luego aviador Clodomiro Figueroa Ponce, quien junto a un familiar conformó la Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cía., cuyo objeto era costear los estudios de Acevedo y luego aprovechar comercialmente su experiencia en Europa. El 7 de marzo de 1912 Acevedo regresó a Chile con un monoplano Blériot XI y un mecánico, el francés Pierre Coemme.2

Acevedo y el mecánico Pierre Coemme, junto al Blériot XI el 17 de abril de 1912 en Santiago de Chile.
La Sociedad Chilena de Aviación se propuso realizar vuelos de exhibición en Santiago; el primero fue ante la prensa, el 17 de abril de 1912 en el Parque Cousiño, en donde el Blériot XI piloteado por Acevedo capotó poco después de despegar. Tras el accidente se tuvo que posponer la exhibición a todo el público planeada originalmente para el 21 de abril, la cual se realizó finalmente el 11 de mayo de 1912 en el Club Hípico. Sin embargo, Acevedo volvería a estrellarse en dicha prueba. Más tarde, en julio de ese año, el Blériot XI capotó por tercera vez en Antofagasta, y terminó por destruirse el 24 de noviembre en el Hipódromo Chile.2
Tras la seguidilla de accidentes, se le regaló a Acevedo un nuevo Blériot XI que había sido abandonado en la aduana de Valparaíso, mediante una "suscripción popular" auspiciada por los diarios El Mercurio de Valparaíso y La Unión de Valparaíso. En ese monoplano, Acevedo intentó realizar sus primeros vuelos de largo trayecto. El primero fue la prueba entre Concepción y Talca, el cual logró con éxito el 22 de marzo de 1913, donde batió el récord latinoamericano de altura y velocidad, pues se elevó hasta los 3.180 metros, y tuvo un promedio de 170 kilómetros por hora.2 La segunda prueba, entre Concepción y Santiago, con la que Acevedo quería acallar los comentarios que lo desprestigiaban, no tuvo el mismo resultado; el 13 de abril de 1913, Acevedo falleció tras estrellarse en el río Biobío, en el sector de San Pedro, al sur de Concepción, frente al numeroso público que esperaba su hazaña. Sus funerales se realizaron el 15 de abril de ese año en Santiago.3

Homenajes póstumos

Tras la muerte de Acevedo, las autoridades locales de la ciudad de Concepción —en ese entonces San Pedro de la Paz pertenecía a dicha comuna— decidieron homenajearlo creando la Plaza Acevedo, cuyo trazado se realizó en 21 de marzo de 1914.[cita requerida] En 1943 el Club Aéreo de Concepción homenajeó a la madre de Acevedo, y bautizó con el nombre de Acevedo a una aeronave Curtiss-Wright CW-12.2
En San Pedro la Escuela Básica N° 17 fue bautizada con su nombre.4 Varias comunas de Chile, como Villarrica y Pichilemu, tienen calles llamadas "Aviador Acevedo".5

Referencias

  1.  Jump up to:a b «Acevedo Acevedo, Luis Alberto (1885-1913).». mcnbiografias.com. Consultado el 03-02-2013.
  2.  Jump up to:a b c d «Un soñador y dos Blériot». El Observador Aeronáutico (12 de abril de 2009). Consultado el 03-02-2013.
  3. Jump up Flores, Enrique (1950). «La "Sociedad Chilena de Aviación" de Acevedo y Figueroa». Historia Aeronáutica de Chile. Consultado el 03-02-2013.
  4. Jump up «Luis Alberto Acevedo». daemsanpedrodelapaz.cl (19 de febrero de 2010). Consultado el 12-02-2013.
  5. Jump up «¿Quién fue Aviador Acevedo?». El Renacer de Angol (17 de diciembre de 2006). Consultado el 12-02-2013.

FUENTE: http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Acevedo_Acevedo

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Conmemoración al aviador sampedrino Luís Alberto Acevedo

VIDEO DISPONIBLE EN: http://www.dailymotion.com/video/xcypag_conmemoracion-al-aviador-sampedrino_news

FUENTE: http://www.dailymotion.com/video/xcypag_conmemoracion-al-aviador-sampedrino_news
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Escritos sobre aviación chilena. Historia, imágenes, análisis, revisiones críticas, casos de estudio.
14 abril 2013

Aviador Acevedo, 100 años de su trágico fallecimiento

Luis A. Acevedo... murió en lo suyo


El diario El Mercurio de hoy domingo recuerda el hecho del fallecimiento del aviador Luis Alberto Acevedo Acevedo, hecho ocurrido el 13 de abril de 1913 en el río Biobío, frente a la ciudad de Concepción. Acevedo intentaba hacer un cruce Concepción-Santiago cuando, a poco de despegar, el monoplaza que comandaba cayó invertido al agua de ese cauce. Aparentemente la causa fue la mala estiba de la carga que llevaba, principalmemte representada por un estanque auxiliar de combustible instalado en la cabina.
El avión de Acevedo era un Blériot XI, de propiedad del aviador, que le había sido donado por suscripción popular auspiciada por los diarios El Mercurio de Valparaíso y La Unión (también de esa ciudad). Originalmente había pertenecido a unos franceses de paso por dicho puerto, los que lo habían dejado abandonado en la Aduana local.
Si Ud. desea saber más acerca de la historia de este ilustre y pionro aviador nacional, el primero en protagonizar un accidente de aviación fatal desde la llegada de la aviación a Chile en agosto de 1910, recomendamos el estudio que aparece en este enlace, en un artículo de nuestra autoría publicado en 2009.


FUENTE: http://ivansiminic.blogspot.com/2013/04/aviador-acevedo-100-anos-de-su-tragico.html

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RECORDANDO
12 de Abril del 2013
Primer mártir de la Aviación Chilena: Luis Alberto Acevedo
Por Héctor González V.
Que el ser humano lograra dominar el espacio aéreo, fuera capaz de dejar la tierra para elevarse en el aire, tripulando una máquina, tuvo muchos costos en vidas que se perdieron. Chile no fue ajeno a las primeras tragedias de la aviación, en la segunda década del siglo XIX.
La primera de ellas ocurrió el 13 de abril de 1913. Como para darle la razón a la vieja superstición que considera al “13” como número fatal.
Luis Alberto Acevedo, nacido en Santiago, logró ser enviado a Europa para estudiar en la Escuela de Bleriot, en Francia. Regresó a Chile para ponerse al servicio de su Patria en la tarea de conquistar el espacio. Su primera hazaña fue la de remontarse hasta la altura de los 3.180 metros, sobrepasando el record que tenía el argentino Macías.
Fue considerado como un héroe. La ciudad de Iquique le regaló un aeroplano, en el que emprendió el que debería ser el más largo de los vuelos: uniendo a Santiago con la ciudad de Concepción.
Lamentablemente, volando sobre San Pedro tuvo al, parecer, fallas de motor y la máquina se precipitó a tierra, convirtiendo a Luis Alberto Acevedo en el primer mártir de la Aviación chilena.
Habían pasado diez años desde la primera vez que los hermanos Wilbur y Orville Wright volaron en un aeroplano de su invención, el 17 de diciembre de 1903, en Kitty Hawk, Estados Unidos. El primero de ellos se mantuvo en el aire durante 12 segundos y Orville alcanzó el record, con 59 segundos, faltándole solo 1 segundo para completar un minuto.
Posteriormente, en 1908, Wildor, que fue aumentando gradualmente sus propios records, en 1908 obtuvo la extraordinaria marca de 2 horas y 20 minutos.
FUENTE: http://www.elrancaguino.cl/rancaguino/noticias.php?cod=3816


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El Parque Cousiño, La Quinta y sus restaurantes
(Pág. 153- 157)
 El Parque Cousiño, que había sido inaugurado solemnemente en septiembre de 1873, era centro de atracciones a comienzos de siglo. Existía un restaurante, que incluía la laguna y un kiosco. Entregaba comodidad y alegría, dirigido por Mr. Warton Pers Jones, que era un formidable animador. Se recuerda que organizaba carreras de tilburies, en las que el mismo tomaba parte. El parque era muy visitado por los jóvenes que comenzaban a practicar tenis, fútbol y ciclismo. En las reuniones pedaleras, las pruebas eran presenciadas por familias completas pertenecientes al más alto nivel social. Muchos triunfadores en el ciclismo llegarían a ser después ases del automovilismo y luego precursores de la aviación. Exponentes del ciclismo fueron Luis Alberto Acevedo, Cesar Copetta y Dagoberto Godoy.
César Copetta en el mes de agosto de 1910, sin farsa ni bulla efectuó un vuelo, en el que alcanzó a remontarse a diez metros de altura en un aparato Voisin, en la chacra Valparaíso, comuna de Ñuñoa. Durante la Navidad de este año el aeroplano del italiano Bartolomé Cattaneo, voló sobre Santiago de noche. Hizo su primera exhibición en la avenida Beaucheff, frente al parque. Ahí practicaba Luis Alberto Acevedo, un entusiasta que pertenecía al club ciclista Estrella de Chile. Este joven deportista se sintió atraído por la aviación que por ese entonces daba sus primeros pasos. Sus ilusiones se estrellaron por la falta de dinero para viajar y realizar estudios en Francia. Tenía un bar ubicado en los bajos del antiguo teatro Santiago. Vendió su negocio y reunió peso tras peso para pagar el viaje a Europa y realizar su aprendizaje en la EscuelaBleriot de Etampes. Recibió su brevet y adquirió un aeroplano ayudado por su madre y sus amigos encabezados por Clodomiro Figueroa. Llega a Chile en 1912. Aquí tendió sus alas sin cansancio, primero en el Parque Cousiño, luego en el Club Hípico y en Batuco. Después salió por el país efectuando vuelos, gozando la aventura celeste.
Un día se supo que el aviador argentino Macías se había elevado a 3.000 metros. Acevedo se prometió superarlo y se elevó a 3.680 con lo cual batió el récord sudamericano de altura. Era la popular figura de la aviación chilena. Anunció un raid Concepción-Santiago. Con la idea que podía faltarle bencina le agregó otro depósito al aeroplano. Ante una multitud alborozada y bullanguera el 13 de abril de 1913 se le vio, frente a San Pedro, elevarse y alejarse sobre el ancho Bíobío. Horas más tarde la noticia de su muerte repercutió en el corazón de Chile. Había caído su Bleriot cuando volaba sobre el agua o por una falla de motor o por el peso del estanque de bencina agregado. Vienen otros tiempos. Paseantes acudían en las tardes a ver el desfile de los carruajes, brillantes victorias que corrían por sus avenidas llevando elegantes damas y caballeros. La gran atracción de las jóvenes era pasear en bote por la laguna con sus finas sombrillas abiertas. El pintor y diplomático Alberto Orrego Luco (1854-1931) captó esta escena en la tela la Laguna del parque, obra que se encuentra citada en la historia de la pintura chilena.
Los numerosos visitantes eran atraídos por el panorama de la Batalla de Maipú, reconstrucción histórica de esta acción bélica librada en el Llano de Maipú, al sur poniente de Santiago, el 5 de abril de 1818, y que con motivo de las fiestas centenarias de 1910, se instalo en el Parque Cousiño de Santiago, hoy Parque O’Higgins. Era una panorámica pintada al óleo con un tema alusivo, se tallaron en tamaño natural articuladas figuras de soldados y otros elementos que, vestidos y pintados, formaron el primer plano de la pintura de cincuenta metros de largo y catorce de alto, obra que realizó el artista italiano artista italiano Giacomo Grosso (1) y según decía había costado una suma alzada. Hacia 1944, desaparece este centro de atracción para los amantes de nuestras tradiciones patrióticas`. El deterioro de sus claraboyas dejó libre paso al agua del invierno causando estragos que llevaron a convertirlo en algo deprimente, por su estado se decretó su clausura definitiva. Se perdió así un lugar de visita casi obligada para los paseantes y turistas en el parque Cousiño. El local terminó como lugar para guardar carretones y otros desvencijados vehículos de aseo de la municipalidad.
En las noches de calor, era poético ir al restaurante en busca de una copa de helados y de la animación de los parroquianos. La Quinta Normal entregaba normas de agricultura, aquí funcionaba la Escuela Práctica de Agricultura, después Escuela de Agronomía que levantó un gran edificio. Existían canchas de fútbol, de tenis y se practicaba el ciclismo. El Club Victoria de Lawn Tennis tenía sus canchas de juego. Sus socios, en su mayoría eran señoritas. El pabellón que se había levantado en París para la exposición de fin de siglo mostraba su estructura, un jardín zoológico le daba un ambiente a este parque botánico. El Museo Nacional de Historia Natural, el más antiguo de Chile y quizás de América, ya que fue fundado en 1830 por el eminente naturalista francés Claudio Gay, ofrecía sus colecciones de flora y fauna. Eminentes investigadores como Rodulfo Amando Philippi, Federico Philippi, Carlos Reiche e Ignacio Domeyko, realizaron en este centro una labor científica tesonera.
La Sociedad Unión Artística que funcionó en el partenón de la Quinta Normal siendo destinada a transformarse en el primer museo de Santiago, fundado en el año 1885, mostraba la obra de un grupo de pintores encabezado por el maestro Pedro Lira. En el año 1910, con ocasión de las fiestas del centenario, se inaugura el Museo de Bellas Artes, en el parque Forestal, está institución cobijo la actividad de difusión plástica del antiguo partenón el cual fue abandonado por mucho tiempo.
El partenón quedó abandonado hasta 1915, con intervalos en que sirvió de escuela, gimnasio y bodega. El pintor Marco Aurelio Bontá Costa consiguió recuperarlo para las bellas artes, inaugurando en 1945 el Museo de Arte Contemporáneo, conjunto de plástica chilena del siglo XX. Bontá seleccionó las obras buscando el espíritu nacional original. En 1960 se exhibió casi toda la obra de Bourdelle, prestada por el Museo de Esculturas de París. En 1968 se efectuó aquí la magnífica exposición "De Cézanne a Miró" acontecimiento artístico que obligo a tomar una serie de medidas de seguridad, por lo que la vigilancia se redobló, como también el personal de atención, ya que venían visitantes de todas las provincias y especialmente delegaciones de estudiantes. En una ocasión, los guardias de la puerta principal de la quinta detuvieron a la escultora y pintora Laura Rodig, que cumplía la misión de profesora guía de estudiantes. "Señorita, no es hora de atención", Laura que era muy ingeniosa y llena de anécdotas, les dijo: "soy niñóloga del museo". Los carabineros, impresionados, inmediatamente le franquearon la entrada.
Se suma a estas festividades del centenario de la Independencia doña Isidora Goyenechea de Cousiño, que dispuso la construcción de la Casa de las Botellas en un sitio central. Doña Isidora era principal accionista entonces de una gran fábrica de cerveza y propietaria de las minas carboníferas de Lota y por esta razón la estructura está formada a base de botellas cerveceras, de carbón de piedra y de madera propias de la región lotina. Con el tiempo, la Casa de las Botellas se transformó en un restaurante al paso, lugar predilecto de los visitantes que gozaban de la laguna y los paseos en bote. Por años la Sociedad Nacional de Agricultura organizó sus exposiciones ganaderas, siendo estas exponentes de la ganadería y agricultura nacional. El restaurante de la Quinta Normal, al evocarlo, se rememora a don Santiago Melossi, que ató su nombre y distinción a la regencia de él.
Por años, se celebraron banquetes en este restaurante, ya en sus salones interiores o en sus galerías cubiertas con ventanales. Los comedores eran amplios y contaba con una pista de baile. Un opíparo banquete, fue el servido en septiembre de 1920, ofrecido por la casa Gath y Chavez, con motivo de celebrar esta firma el décimo aniversario de su fundación en la capital. Por sus avenidas se efectuaban corsos de flores, los que murieron con las últimas fiestas de los estudiantes.
En el restaurante se llevaban a cabo silenciosas comidas de políticos y bulliciosas cenas de escritores, de artistas. Se sentía bien el comensal estimulado en su apetito por los aires saludables que allí soplaban. Más de cincuenta años de vida gastronómica terminaron cediendo el local para que sirviera de Hogar de Emigrantes; de centro de rehabilitación de menores del Servicio Nacional de Salud; y, de Escuela de Agronomía.
La quinta perdió terreno, se construyeron sectores poblacionales. Los vendedores ambulantes de empanadas, sandwiches y helados la convirtieron en un restaurante al aire libre y los predicadores en una escuela dominical de todos los credos. Y un pequeño tren que recorría un tramo de la quinta, un día partió y se llevó el sueño de los niños.
(1) "Giacomo Grosso: Pintor de retratos, de historia y de paisajes. Nació en Cambiano en el siglo XIX. Alumno de Gastaldi y de Gilardi. Fue profesor de la Academia de Bellas Artes de Turín. Expuso en Turín, Milán y Venecia. Obtuvo mención honrosa en 1895, medalla de tercera clase en 1898, de bronce en la exposición universal de 1900 y de segunda clase en 1903. En 1904 fue designado caballero de la Legión de Honor. Obras suyas se encuentran en la Galería de los Oficios de Florencia, en las Galerías de Arte Moderno de Roma y de Venecia y en la Galería Municipal de Turín". (E. Bénézit, 1966, Tomo 4, Página 452).
FUENTE: http://www.oresteplath.cl/antologia/santiago3.html

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20 de agosto de 2010


Centenario del primer vuelo en Chile


Por Hugo Jara Goldenberg


El dominio del arte del vuelo significó poder cumplir un sueño largamente acariciado por la especie humana. Desde el momento en que el Hombre fue conciente de sí mismo, sin duda que observó los cielos, y en ellos no sólo encontró un lugar en donde plasmar su espiritualidad, sino que también despertó en su imaginación el afán de imitar el vuelo de las aves. Sin embargo, fue necesario que transcurriera mucho tiempo antes que esta anhelada aspiración se pudiera concretar. Recién el 17 de diciembre de 2003, los hermanos Wright lograron efectuar el primer vuelo controlado de un artefacto más pesado que el aire. Ese día nació la aviación, sin lugar a dudas, uno de los inventos más revolucionarios del siglo XX.

En un viaje por Europa los jóvenes chilenos David Echeverría y Miguel Covarrubias, fueron testigos del fervor popular que provocaba este novel invento y tuvieron la afortunada idea de comprar un aparato biplano marca Voisin, con motor Gnome de 50 HP, con el fin de traerlo a país y presentarlo con motivo del primer centenario de la independencia patria que se celebraría en 1910. El avión fue mostrado con mucho éxito en exhibición estática.

Y es aquí en donde aparecen en escena los hermanos César y Félix Copetta, ciudadanos de origen franco-italiano, quienes alcanzan, con los propietarios de la aeronave, un acuerdo para hacerla volar. Para tal efecto, la nave es preparada para su primer vuelo en el taller mecánico de estos entusiastas émulos de los hermanos Wright.

Para cumplir con el compromiso adquirido, llevan la aeronave a una chacra ubicada en la comuna de Ñuñoa, y después de un cuidadoso preparativo logran hacerla despegar, a los mandos de César Copetta, el día 21 de agosto de 1910. Aquel constituyó el primer vuelo de un avión en Chile y el hecho fue capturado para la posterioridad, por un fotógrafo desconocido en la imagen, ya centenaria, que aparece al inicio del presente artículo.

Para conmemorar este significativo aniversario, las principales instituciones aeronáuticas del país (Fuerza Aérea, Federación Aérea de Chile y Dirección General de Aeronáutica Civil) han organizado actos alusivos. En Santiago habrán vuelos de exhibición de la escuadrilla de alta acrobacia Halcones, en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio se exhibirá una replica en tamaño real del avión Voisin protagonista de esta recordada aventura, y en las principales de ciudades del país se realizarán vuelos en formación de aeronaves civiles.

A la luz de la historia, resulta Indudable que este hecho contribuyó de manera importante a despertar el entusiasmo de una pléyade de jóvenes chilenos, tanto civiles como militares, que viajaron a Francia (entonces la capital mundial de la aviación) a aprender a dominar el arte del vuelo. Así, personajes como Luis Alberto Acevedo, David Fuentes Sosa, Manuel Avalos Prado, Eduardo Molina y tantos otros, con gran esfuerzo y sacrificios extremos (muchas veces de sus propias vidas) sentaron las bases para el surgimiento y posterior consolidación de nuestra aviación civil, comercial y militar; la cual, con el paso de los años, se ha transformado en un pilar estratégico fundamental para el desarrollo y la defensa del país.
FUENTE: http://hugojarag.blogspot.com/2010/08/centenario-del-primer-vuelo-en-chile.html
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martes, 10 de agosto de 2010




LOS 100 AÑOS DE UNA HAZAÑA DE LA AVIACIÓN: CÉSAR COPETTA Y SU HISTÓRICO PRIMER VUELO CHILENO EN EL FUNDO CHACRA VALPARAÍSO


(Fuente imagen: Postal de colección particular).
Coordenadas: 33°27'19.87"S 70°34'51.79"W (plaza) 33°27'17.43"S 70°34'48.67"W (monolito)
El 17 de diciembre de este año se cumplirán 107 años del primer vuelo de avión registrado por la historia, luego que dos mecánicos de un taller de bicicletas, los ilustres hermanos Orville y Wilbur Wright, lograran levantar del suelo y por algunos instantes la nave autopropulsada que le abriría camino exitosamente a la aviación mundial y pasaría la aplanadora sobre los academicistas agoreros que seguían pregonando que nada más pesado que el aire podría levantar vuelo. Fue el Flyer I, también llamado Kitty Hawk yWright Flyer. Curiosamente, este avión primitivo se encuentra en orgullosa exibición en el Smithsonian's National Air & Space Museum, en circunstancias de que el Instituto Smithsoniano fue uno de los organismos desde donde se defendió con más severidad el dogma sobre la incapacidad de hacer volar máquinas, llegando incluso a expulsar al profesor Langley por discrepar de este axioma.
A su vez, este año se cumple un siglo desde el primer vuelo nacional, realizado por el aviador César Copetta el 21 de agosto de 1910, en un llano del sector de Ñuñoa, que por entonces era un terreno en la periferia rural de la ciudad de Santiago.


Como se puede calcular, este vuelo pionero en la historia de la aviación chilena sucedió apenas siete años después del efectuado por los Wright y pasados sólo cuatro años de la experiencia del brasileño Alberto Santos Dumont con el epopéyico alzamiento por el aire francés del 14-bis, el 23 de octubre de 1906, primer vuelo con despegue propio sin mecanismos externos de propulsión de partida.

Durante el año 2003, con motivo del centenario del vuelo de los hermanos Wright, se realizó en Santiago de Chile un ciclo de charlas organizadas por el Centro de Estudios Históricos Lircay en dependencias del Club Providencia y de la Aula Magna de la Universidad Bernardo O'Higgins, titulado "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional". En estas interesantes jornadas participaron descendientes de precursores de la aviación chilena, el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio y el Círculo de Amigos del Patrimonio Cultural de Chile. Allí tuve ocasión de conocer a hijos de Luis Omar Page y de Dagoberto Godoy, además de confirmar la importancia en que se hallaban los pioneros chilenos de la aviación con respecto a la historia internacional de la conquista del cielo, como quedó retratado también en un especial sobre la aviación mundial del canal cultural Discovery Channel, también en el aniversario del primer vuelo de los Wright.

Pues bien: uno de los nombres que fueron elogiados durante estas charlas, fue el de César Copetta Brossio, a quien dedicaremos este posteo por la importancia de las fechas que se celebran este año el centenario de su valiente hazaña aeronáutica, que casi coincide en el calendario con las celebraciones del Bicentenario cuya fecha central ya se aproxima.
En medio esta misma la obsesión bicentenaria, sin embargo, se han hecho más bien pocas alusiones a este importante episodio de nuestra historia. Salvo por casos como un ciclo de exposiciones en el Museo de Bellas Artes durante el año pasado, la grandeza pionera de la aviación chilena no ha tenido el merecido reconocimiento de otras instituciones o áreas culturales que sí han sido cubiertas con bastante holgura en estos meses (y ni hablar del fútbol). De hecho, estar celebrando el Bicentenario con el histórico Aeropuerto de los Cerrillos (el mismo donde muriera Copetta, además) tristemente desmantelado para un excéntrico megaproyecto inmobiliario, verdadero atentado contra la aeronáutica civil chilena, refleja en gran medida la desidia con que se sigue mirando esta importante etapa escrita en Chile para la aviación internacional.

César Copetta Brossio (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay).
BÚSQUEDA DEL PRIMER VUELO CHILENO
La fiebre por hacer volar aparatos más pesados que el aire, había llegado tempranamente a Chile. En 1909, por ejemplo, el mecánico alemán Máximo Bischkus había construido un tosco y pesado objeto alado con un motor de 15 HP, montado sobre una estructura de unos 15 metros de altura desde donde sería soltado para realizar su vuelo inaugural, en el Parque Cousiño de Santiago. Por varios días atrajo a los curiosos generando expectación e incertidumbre, pues muchos voluntarios habían ayudado a financiar tan extraña empresa.
Sin embargo, sucedió que el mismo día en que el avión iba a ser probado, una de sus alas amaneció destruida, quizás por acción de manos anónimas. Se cree, sin embargo, que el artilugio de Bischkus jamás habría podido tomar vuelo, pues no tenía ajuste ni a las rudimentarios conocimientos de la aerodinámica de aquellos años.
Aún así, tema pendiente de un vuelo chileno había quedado instalado en la sociedad. Y si los pioneros de la aviación mundial eran dos hermanos gringos con un taller, acá en Chile fueron los hermanos Félix y César Copetta los que, también desde su propio taller, comenzaron a pensar en conseguir la hazaña con las proyecciones comerciales que pudiese tener para ellos. Oreste Plath hace notar que, tal como fue el caso de los Wright, los pioneros de la aviación chilena también estaban relacionados con la reparación de bicicletas y el ciclismo, como los Copetta, Luis Alberto Acevedo y Dagoberto Godoy. El avión es, acaso, el resultado del desarrollo de la bicicleta más que de otro medio de transporte.
Este taller mecánico de los hermanos, hijos de una familia francesa, estaba ubicado en calle Ejército Libertador 755, y allí se dedicaban a dar mantenimiento y asistencia a los automóviles que por entonces recién llegaban a Chile. Todavía existía este local a mediados de siglo, con el nombre de "Garaje Copetta", según un texto de Enrique Flores en "Historia Aeronáutica de Chile", de 1950.
Coincidió que dos jóvenes empresarios chilenos, David Echeverría y Miguel Covarrubias, habían regresado de Francia portando un avión biplano recién adquirido a la Voisin, de madera, metal y género, con un motor Gnome de 50 HP. La idea de ambos era que Chile pudiese celebrar el Centenario con un vuelo de avión incluido, cayendo en manos de los Copetta concretar esta aventura.
Los hermanos Copetta y sus asistentes, diestros en la mecánica, consiguieron armarlo en un fundo de la comuna de Ñuñoa, relativamente cerca de la actual Plaza Egaña, casi sin atención pública y sin la publicidad que otros pioneros internacionales se habían procurado en torno a sus respectivas hazañas, incluso desde antes de ser realizadas.
Fotografía del archivo del Museo Aeronáutico, tomada el día 20 de agosto de 1910, uno antes del primer vuelo, en el fundo Chacra Valparaíso. Se observa al centro al propietario del avión Voisin don David Echeverría, a la derecha los hermanos Copetta y a la izquierda Beltrán Tisné y más atrás Gabriel Robin.
Caricatura de César Copetta celebrando su vuelo. (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay)
LA HAZAÑA DE COPETTA
Ayudado por sus colaboradores y amigos, Copetta llegó esa tarde a hacer las inspecciones finales de su avión. Hombre joven, muy delgado, narigudo y de bigotes largos, parecía más bien un muchacho intentando probar alguna de sus nuevas bicicletas y no un carísimo equipo de vuelo que, en el mejor de los casos, podía convertir su vida en un mito y, en el peor, quitársela trágicamente.
El avión de aspecto ligero y con formas híbridas entre una libélula y un gran pájaro, estaba de frente a un llano o potrero dentro del fundo Chacra Valparaíso, de 240 hectáreas, escenario elegido para el vuelo. La propiedad pertenecía a doña Eloisa María de la Cruz, quien se lo arrendaba a don Ramón Cruz Montt, ilustre vecino del sector que dio nombre a la calle aledaña que hoy pasa por el ex terreno.
Don David Echeverría no se mantenía ajeno a los preparativos de la hazaña que estaba por hacerse con su avión, colaborando con los aventureros. César Copetta contaba también con la asistencia de su hermano, allí presente, y del equipo técnico compuesto por Beltran Tisné y el mecánico Gabriel Robin, todos con la ansiedad que significaría participar de un hito histórico que haría leyenda.
Llegaron pocos curiosos además de los nombrados, aunque con cámaras para registro. Para asombro de todos, sin embargo, Copetta lo consiguió: marcaría ese día 21 de agosto de 1910 como aquel en que comenzó la historia de la aviación nacional, justamente faltando poco más de un mes para los grandes festejos del Primer Centenario de la República.
Así pues, los chilenos ya volábamos al celebrar nuestro primer siglo de independencia.
No está claro cuánto voló Copetta, pero la mayoría de las fuentes aseguran que rondó los 10 metros. Las pruebas de vuelo no se deben haber extendido más que unos pocos minutos. El relato de un testigo del vuelo, que es reproducido por el cronista y escritor Alfonso Calderón en su excelente ensayo "Cuando Chile cumplió 100 años", dice lo siguiente:
"Sus grandes alas blancas, su cola, su quilla, le daban el aspecto completo de un ave enorme. Al fondo, el famoso motor Gnome y sobre el suelo elchassis de aterrissage completaban las líneas del magnífico aparato".
La noticia hinchó de orgullo al sentimiento nacional y Copetta, con su mirada inocentona y aspecto un tanto desgarbado, se volvió toda una celebridad, apareciendo retratado en distintas caricaturas de los medios de prensa.


Imagen del vuelo en el fundo ex Chacra Valparaíso.
 (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay)



Etiqueta de un viejo pisco elquino de 1915. ¿Será un homenaje a Copetta o a otro de los pioneros de la aviación nacional? (Fuente imagen: Colección particular).
DESPUÉS DEL HITO
Tras el episodio del joven aviador autodidacta y autogestor, Copetta comenzó a ser llamado "Don César" dentro del naciente ambiente de la aeronáutica, como reconocimiento a su prestigio. Él mismo siguió desarrollando apasionadamente estas tecnologías, cuando con su hermano volvió a los talleres para producir sus propios modelos de aviones con objetivos comerciales. Siguieron con algunas pruebas más en el fundo Chacra Valparaíso, llegando a crear el modelo Batuco, primero en cumplir con las exigencias para lograr constituirse en un avión que imitara o superara el logro de los anteriores, y en el cual Luis Omar Page también inscribiría su propia hazaña en la historia de la aviación.
En tanto, otros pioneros siguieron la huella con sus propios hitos en la aviación nacional e internacional, como Bartolomé Cattaneo, Luis Alberto Acevedo, Clodomiro Figueroa y Eduardo Molina que, de hecho, realizó su famoso vuelo en el avión Burrito, construido también en el taller de los Copetta en 1912. Acevedo, a su vez, se asesoró con su mecánico francés Pierre Coemme para sus vuelos sobre el Bleriot que mantenía armado y expectante en el Parque Cousiño, ese mismo año. La muerte le alcanzó, sin embargo, en su intento de unir en un vuelo Santiago con Concepción, un fatídico el 13 de abril de 1913, convirtiéndose en el primer mártir de la flamante historia aeronáutica chilena. Trágico destino que tuvo también el famoso Teniente Alejandro Silva Bello, el "perdido" Teniente Bello, que desapareció el 9 de marzo de 1914 intentando unir El Bosque con Cartagena. Eran los costos que el riesgo de estas nuevas tecnologías cobraba a los más valientes y audaces.
En medio de este boom por la aviación, se creó el Aero Club de Chile, el 29 de marzo de 1913. La línea de desarrollo entre los héroes civiles y los héroes militares de la aviación se hacía cada vez más tenue en este período de inicios. La atención y el progreso generado por estos sucesos llevaron al Comodoro Arturo Merino Benítez a crear, en 1928, el Club Aéreo de Chile y al año siguiente la Línea Aeropostal Santiago-Arica que, al extenderse a Puerto Montt y Aysén, dio origen a la Línea Aérea Nacional. El éxito de las visionarias decisiones de Merino Benítez lograron, en 1930, la creación de la Fuerza Aérea de Chile y la Dirección de Aeronáutica, actual Dirección General de Aeronáutica Civil.
Lamentablemente, César Copetta murió de manera trágica cuando ya veía consolidada la aviación nacional, el domingo 27 de octubre de 1940. Los vuelos individuales se habían convertido en su medio regular de transporte y, mientras despegaba temprano del Aeropuerto de los Cerrillos en su antigua nave Morane Parasol, ésta comenzó a presentar problemas precipitándose sobre el sector del acceso a la base aérea. Fue trasladado de urgencia a la Posta 3 de la Asistencia Pública, pero las graves lesiones lo superaron, abandonando este mundo con su vuelo final, el último de todos.
Fue sepultado en el mausoleo de la Sociedad Francesa del Cementerio General y se levantó un monumento en su recuerdo en el lugar donde perdió la vida, homenaje que años después desapareció o fue retirado.
César Copetta, Clodomiro Figueroa y el mecánicos francés Henry Goudou, junto al "Valparaíso", en Lo Espejo, en 1913. (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay).
Luis Omar Page en un avión "Batuco" construido por los Copetta, en 1914. (Fuente imagen: exposición"Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay).
EL HISTÓRICO FUNDO EN LA ACTUALIDAD
Después del epopéyico vuelo de Copetta, el fundo Chacra Valparaíso siguió en manos de doña Eloisa María de la Cruz y bajo administración de Ramón Cruz. Se mantuvo en general como un terreno productivo con trabajadores agrícolas, pues Ñuñoa continuaba siendo en esos años un territorio rural sólo parcialmente urbanizado.
En el "Álbum de la Zona Central de Chile. Informaciones agrícolas" de 1923, el fundo Chacra Valparaíso figuraba como un importante productor de alfalfas y papas, además una prestigiosa y premiada ganadería bovina de raza holandesa, con producción de leche comerciada en Santiago. El terreno habría contado también, hasta su desaparición, un criadero de plantas y flores finas, además de arboledas frutales, con cabañas cómodas para visitantes y pasajeros. Se mantuvo con estas características más o menos hasta los años cincuentas, cuando los cambios de la ciudad la alcanzaron defintivamente.
Chacra Valparaíso siguió siendo rodeada por la urbanización con el correr de los años, ubicándose su parte original más reconocible en el sector de Irarrázaval con Ramón Cruz. Una de las calles que correspondía a sus terrenos conserva todavía el nombre de Valparaíso, por el lado oriente del mismo.
Desde de 1968, el sector más importante que se conservaba del ex fundo fue convertido en una espaciosa plaza bautizada como Parque Ramón Cruz, constituyendo uno de los puntos de esparcimiento al aire libre más importantes de la avenida Irarrázaval después de la conocida y bohemia Plaza Ñuñoa y de la Plaza Egaña, más identificada con el comercio. Cabe indicar que el parque fue inaugurado junto con la Villa Frei, ese mismo año, por el Presidente Eduardo Frei Montalva, pues todo el ex fundo había sido enteramente alterado por el nuevo plan urbano considerando áreas verdes y áreas residenciales.
El Parque Ramón Cruz es reconocible desde entonces por sus altos árboles y palmeras. Fue ampliado en 1981, pero coexistiendo tranquilamente en sus deslindes con la Villa Frei. No parece haber competencia entre sus áreas verdes, que suman casi 40 mil metros cuadrados, y las áreas residenciales que lo rodean. Es un lugar tranquilo, donde los vecinos suelen salir con sus niños para entretenerlos en los varios juegos infantiles que allí se han instalado.
Vista actual del ex fundo, hoy Parque Ramón Cruz.
Vista desde el Norte de las áreas verdes del parque.
MONOLITO A LA HAZAÑA EN EL PARQUE
Afortunadamente, no ha sido olvidada en el lugar la relevancia de este histórico sito con los sucesos de 1910. Por este motivo, un monolito de roca pulida conmemorando la hazaña de Copetta fue instalado allí en el vértice del parque, sobre la esquina de Ramón Cruz con Irarrázaval, por el Instituto de Investigaciones Aeronáuticas de Chile en el aniversario del 21 de agosto de 1985. Cabe destacar el esfuerzo permanente que ha hecho tanto el Instituto como el Museo Aeronáutico Nacional por preservar la memoria y el recuerdo de esta epopeya, además de un puñado de otras instituciones.
Inmortalizando tal acontecimiento, dice el texto grabado sobre la placa de piedra colocado en Parque Ramón Cruz:
"DESDE ESTE LUGAR EN LA TARDE DEL 21 DE AGOSTO DE 1910, SE ELEVÓ POR PRIMERA VEZ UN AEROPLANO EN CHILE PILOTEADO POR DON CÉSAR COPETTA BROSSIO"
No sabemos qué sucedió con la placa original de piedra del monolito que tenía esta inscripción, pero en el aniversario del 21 de mayo de 1997 se adjuntó una nueva y más grande, que recuperaba el mensaje de la anterior, pero agregaba más abajo un nuevo saludo a la memoria de Copetta y el primer vuelo nacional, esta vez de parte de la Dirección General de Aeronáutica Civil:
"EN RECONOCIMIENTO A LA HAZAÑA LOGRADA POR EL PILOTO DON CÉSAR COPETTA BROSSIO EL GOBIERNO DE CHILE MEDIANTE D.S. Nº 330 DEL 22 DE ABR 1997 INSTITUYÓ LA FECHA ANIVERSARIO DE ESTA PROEZA COMO EL DÍA OFICIAL DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE AERONÁUTICA CIVIL".
Cada año, en el aniversario del vuelo, la Dirección de Aeronáutica Civil, la Escuela Técnica Aeronáutica, el Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile y las autoridades comunales realizan allí en el monolito del parque una reunión en recuerdo de estas fundamentales páginas de la historia de la aviación chilena.


Monolito conmemorativo del ex fundo Chacra Valparaíso.

FUENTE: http://urbatorium.blogspot.com/2010/08/los-100-anos-de-una-hazana-de-la.html

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FOTOS DIVERSAS PÁGINAS DE INTERNET




Luis Alberto Acevedo A. Primer mártir de la aviación civil chilena. 


Luis Alberto Acevedo


El Brevet Nº 740 de la Federación Aeronáutica Internacional: Acevedo aviador.





Acevedo ciclista, segundo de izquierda a derecha. 




11/05/1912. Luis Alberto Acevedo realiza vuelo ante público en Chile.





Hermosa fotografía que describe muy bien el primer vuelo de Acevedo sobre el puerto de Valparaíso, junio de 1912: la campaña de volaciones en plena marcha.




El aviador Acevedo y su primer Blériot XI, apodado por él como El Manco.




Luis Acevedo, piloto chileno y primer mártir de la aviación chilena, en su Vendôme, en el que encontró la muerte.



13/04/1913. Fallecimiento en Concepción del aviador civil Don Luis Alberto Acevedo.
Primer Mártir de la Aviación Civil Chilena



Coemme, Acevedo y el segundo Blériot, momentos antes de hacerse al aire en el vuelo que terminaría en tragedia.





Acevedo en una caricatura de la época.




 Avión Mirado de Frente de Luis Alberto Acevedo


Luis Alberto Acevedo A. Primer mártir de la aviación civil chilena. 




Acevedo y su mecánico francés Pierre Coemme.



Bautizo del avión Luis A. Acevedo en septiembre de 1941 (foto, Chile Aéreo)



17 de abril de 1912: Acevedo, Coemme y El Manco, momentos antes del despegue en el Parque Cousiño, en demostración a la prensa y días antes del planeado vuelo oficial con público.






 Accidente del 17 de abril de 1912: el Blériot XI estrellado luego de apenas despegar.



 

El fin de El Manco: accidente del 24 de noviembre de 1912.


Accidente del 17 de abril de 1912: el Blériot XI estrellado luego de apenas despegar.




De capitán a paje: masivos funerales de L. A. Acevedo en Santiago.



13/04/1913. Fallece Don Luis Alberto Acevedo.
Recibimiento de los restos en Santiago.






13 de abril de 1913: recuperando desde el agua los restos del segundo y último Blériot XI de Acevedo.



Portada de la revista Zig Zag: gran cobertura para expresar el luto nacional por la muerte del aviador.



En abril de 1942 el avión aún lucía su nombre, y aquí se lo ve en una ceremonia de esa fecha en la que se homenajeó a la madre del aviador Acevedo (foto, Chile Aéreo)





Este era el modelo de avión que piloteaba Luis Alberto Acevedo 










 




















Fotografía del primer vuelo de don Luis Alberto Acevedo, sobre el puerto de Valparaíso, Junio de 1912.
Fuente: Renzo Vaccarezza







2 comentarios:

  1. Señores:
    Mi madre me cantaba una antigua canción, no identifico el ritmo, pero me acuerdo de la letra, decía así:
    Luis Acevedo muy joven
    Aprendió a volar
    y por dar gloria a Chile
    al BioBio fue a dar
    Hay detenganlo,
    una camilla por Dios,
    que en el rio BiBio
    ha fallecido
    Luis Acevedo, el aviador

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